Geli Brotons nace en 1956 en el seno de una familia de agricultores. Su familia siempre ha marcado parte de su personalidad, la perseverancia de sus padres frente a la escasez de la vida de aquellos años fue uno de sus ejemplos.

Su padre aprovechó los pocos recursos que tenía para aprender (apenas tres meses de docencia con un profesor que acudió a su casa para enseñarle las reglas básicas), su madre, pese que pude acceder a estudios más profesionales la obligaron a profesionalizarse en tareas más femeninas y no a sus estudios de empresariales, como bien había cursado.

Geli vivió la coexistencia de las fábricas en los mismos hogares, y su juegos entre pieles y suelas se convirtió en lo que es hoy su profesión. Con apenas 16 años ya tenía muy claro cual era su vocación.

Asumió perfectamente su lugar en la fábrica, al lado de su padre. Lo acompañó en exportaciones y se codeó en un trabajo de hombres y comenzó su andadura, primero fue arropada por su padre en esos viajes de trabajo, luego por su marido y posteriormente lo hizo ella sola.

Trabas, momentos difíciles, de incomprensión en un mundo gobernado por hombres y buscando su lugar. No fue fácil convivir en ese ambiente, en el que ya no solo eran los hombres quienes ponían las dificultades, también las mujeres.

Ahora es Geli Brotons, una diseñadora innata, por arte y vocación como ella misma dice. Creadora de la firma “Rovers” una marca a nivel internacional.

Sin embargo, ni su éxito profesional ni su divorcio merman el deseo de Geli de ser madre y decide adoptar a dos niños, sus hijos Manuel Felipey Matias Gabriel, los primeros hijos, sobrinos y nietos. Pero la realidad se impone cuando descubren que ambos son discapacitados.

La desolación y la angustia se imponen, el miedo al futuro y al qué será de sus hijos hace que Geli Brotons y su hermana Isabel, que corre la misma suerte, deciden buscar la solución a tal angustia y tras años de incertidumbre y buscar un lugar adecuado fundan la Fundación Defora.

La Fundación Defora es un espacio donde las personas con discapacidad psíquica aprenden una profesión como es la del calzado. Aunque es algo más que eso, es un espacio de convivencia en el que se intetna fomentar al máximo la autonomía de estas personas para que puedan vivir de una forma independiente a través de pisos tutelados.